INFLUENCIA DE LA PANDEMIA EN LA SALUD MENTAL

INFLUENCIA DE LA PANDEMIA EN LA SALUD MENTAL

El empeoramiento de la salud mental de los jóvenes se debe a diversos factores, desde los económicos hasta los contextuales. La pandemia ha sido uno de los factores más influyentes en los últimos tiempos, responsable del desencadenamiento de muchas inquietudes y preocupantes situaciones. Una de las principales causas de la intranquilidad ha sido el confinamiento con su consecutiva interrupción del trabajo. Ésta ha ocasionado una incertidumbre económica tanto en los jóvenes que dependen de sus salarios, como para los que dependen económicamente de sus padres con los que conviven. A parte de ello, la pausa de la interacción social ha provocado numerosos síntomas que han desatado un abundante aumento de trastornos mentales entre los jóvenes. 

Persona sentada en un sofá

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Sin lugar a duda la pandemia y sus respectivas consecuencias, tales como, el confinamiento, la ausencia de interacción social y la incertidumbre económica en cuanto a la inestabilidad laboral, entre otras, han afectado intensamente en la salud mental de toda la población y, en particular, a la juvenil. En cuanto a las restricciones de movilidad, numerosos pacientes han experimentado sentimientos de exclusión social, por ejemplo, la inestabilidad académica derivada del nuevo formato de clases online ha provocado el no poder reunirse con los compañeros de clase que, habitualmente, son con los que comparten su tiempo de ocio. En el caso de los jóvenes, los síntomas más comunes han sido ansiedad, depresión e insomnio asociados a sentimientos de angustia.

¿POR QUÉ NO PEDIR AYUDA?

Como seres sociales que somos gozamos del beneficio de ayudarnos entre nosotros, sin embargo, hay personas que presentan dificultades a la hora de pedir ayuda y lo evitan a toda costa. Hay quienes piensan que pedir ayuda es una muestra de debilidad, sin embargo, puede que sea una muestra de valentía el ser capaz de enfrentarte a tus “fantasmas” internos cara a cara. Uno de los casos más comunes son aquellos relacionados con el miedo al rechazo: que no creas que quieran proporcionarte ayuda o que no puedan. También cabe la posibilidad de que en algún momento hayan solicitado ayuda y debido a una mala vivencia no quieran volver a sufrir una experiencia negativa o no tengan confianza para intentarlo de nuevo. Otros evitan solicitar ayuda por la creencia errónea de que sería una pérdida de tiempo para uno mismo y para el otro. Otro de los motivos que impiden o dificultan pedir ayuda o dejarse ayudar, son los firmes sentimientos de autoexigencia y superación (habitualmente asociados a una baja autoestima) que presentan muchas personas. Éstas interpretan pedir ayuda como una clara confirmación de la debilidad y sentimiento de inferioridad que sienten.

Dibujo de una persona

Descripción generada automáticamente con confianza baja

Desde la experiencia podemos afirmar que muchas personas creen que el momento por el que están pasando se superará tarde o temprano y es cierto que a veces pasa sin “esforzarse por resolver” el problema, esto es, sin pedir ayuda ni someterse a terapia. Puede que el síntoma remita, sin embargo, volverá a aparecer en la misma forma o en otra distinta si el conflicto de base no es objeto de tratamiento. Por ello, en un primer momento, mucha gente se resiste a pedir ayuda, sin embargo cuando esa “mala racha” no cesa y llega a ciertos límites, la persona que la padece siente que pierde el control y que no sabe qué camino tomar. Es en ese momento cuando acuden a un profesional. Aunque ir a terapia se esté normalizando, todavía muchas personas se muestran reacias a ir al psicólogo, por eso acuden cuando no ven otra salida. Lo ideal sería que antes de que llegasen a perder el control sobre lo que les está pasando, acudan a terapia porque de esta manera será más fácil ayudarles a ellos, antes de que el problema se enquiste o se agudice más.

Desde la pandemia el número de jóvenes en terapia ha subido notablemente, el confinamiento ha sido como gasolina para, sobre todo, problemas de ansiedad y falta de habilidades sociales. Los jóvenes han dejado de estigmatizar este tipo de problemas o el hecho de que sus iguales vayan a terapia ya que, tras la situación tan complicada que nos ha tocado vivir han normalizado la posibilidad de pedir ayuda a profesionales por propia iniciativa o a través de sus padres. Se han derribado tabúes. Es cierto que cada vez más personajes públicos se muestran “orgullosos” de sus procesos terapéuticos, lo que ayuda a visibilizar y asumir la relevancia de la salud mental en el bienestar vital. Queda mucho camino por recorrer para dejar de estigmatizar ir al psicólogo. Si te sientes insatisfecho contigo mismo y con el estilo de vida que llevas, no lo dudes, pide ayuda. 

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